Puedo asegurar que, entre las muchas viviendas que he tenido ocasión de visitar, son menos las que cuentan con una buena distribución que aquellas en las que la correcta asignación de los espacios brilla por su ausencia.
Resulta fácil comprender la gran importancia que para una vivienda representa una buena distribución interior, principalmente si tiene dos o más dormitorios. En efecto, si se trata de un estudio o de una vivienda de un dormitorio, la distribución tendrá pocos secretos: sólo hay que ubicar adecuadamente un salón-comedor-cocina, un baño y un dormitorio. En cambio, cuando en una vivienda deben vivir, por ejemplo, seis personas, como es el caso de una vivienda de 3 dormitorios, generalmente con 2 baños, es fundamental la correcta ubicación de las piezas, ya que de ella depende principalmente la mayor o menor comodidad que puedan disfrutar a diario estas personas en su vivienda.
Una buena norma, estudiada en todas las facultades de Arquitectura y en algunas de Arquitectura Técnica, propone distribuir de tal modo las habitaciones que se produzca una cierta separación de las llamadas zona de día y zona de noche de la vivienda. La zona de día de la vivienda se corresponde con las estancias en las que generalmente pasan el día los ocupantes de la vivienda, mientras que la zona de noche incluye las zonas utilizadas principalmente por la noche.
De acuerdo con el citado criterio de separar de algún modo ambas zonas, lo ideal sería que el salón-comedor y la cocina (zona de día) estén situados lo más próximos entre sí que sea posible y separados, a su vez, de los dormitorios (zona de noche). Resulta, además, muy útil la existencia de un aseo en la denominada zona de día para que las visitas no tengan que acceder al baño utilizado normalmente por los habitantes de la vivienda.
Por ejemplo, una distribución interior correcta sería aquella que agruparía, por un lado, salón-comedor, cocina y aseo, estancias a las que se accedería desde el “hall” o vestíbulo de entrada de la vivienda y, por otro, los dormitorios y los baños anejos. Las dos zonas, de día y de noche, estarían conectadas por una puerta que desde el distribuidor de la entrada daría acceso al pasillo a través del cual se llega a las distintas habitaciones.
Hay algunas viviendas en las que, para ir al salón o a la cocina, es preciso atravesar antes un pasillo que comunica con los dormitorios y con los baños que dan servicio a los mismos. Resulta evidente la previsible falta de intimidad de estas viviendas en las que podría suceder, por ejemplo, que el operario de la empresa de televisión por cable que viene a reparar o sustituir el aparato receptor se lleve la sorpresa de encontrarse con una persona de la familia semivestida camino del baño o de regreso del mismo.
Otro caso, propio especialmente de las viviendas más antiguas, es la existencia de algún salón intermedio abierto al pasillo que conduce al último dormitorio. Con esta distribución es seguro que, entre otras molestias, no va a faltar ruido en los dos dormitorios con los que generalmente comparte pared dicho salón intermedio. A lo que hay que añadir la ausencia de intimidad que deberán padecer los ocupantes del último dormitorio; éstos tendrán que saludar a los presentes en el saloncito, conocidos o no, antes de entrar a su habitación y al salir de ella.
Con lo indicado en los párrafos anteriores, queda claro que lo más adecuado sería la existencia de dos distribuidores (tipo vestíbulo o pasillo) unidos entre sí por una puerta y dando acceso uno de ellos a las estancias de día y el otro, a las estancias de noche, como tendremos oportunidad de ver en algunos de los ejemplos de proyectos de viviendas que analizaremos a continuación.
De todos modos, conviene señalar que no debemos ser excesivamente rígidos en el análisis de la distribución interior de las viviendas, ni es preciso añadir elementos o puertas de separación entre unas zonas y otras, ya que estas separaciones de que hablamos pueden ser más ambientales que reales. Finalmente, es importante advertir que lo que parece ser necesario para una familia no siempre lo es para otra. En efecto, cada familia tiene unas necesidades y unos hábitos determinados y es ella la que debe analizar si la distribución de su vivienda es la adecuada o no para su particular vida cotidiana.
A continuación presentamos algunos ejemplos. Analizaremos cada uno de ellos advirtiendo lo que parece acertado y lo que juzgamos inadecuado o incorrecto fundamentalmente en estos dos aspectos: la superficie dedicada a sus estancias y la distribución de éstas en la vivienda.
- Vivienda 1
Vivienda de 2 dormitorios y 2 baños en manzana cerrada.

Un examen minucioso del plano de esta vivienda 3 (figura 18) nos lleva a proponer estas dos observaciones:
- Todas las estancias cuentan con espacio suficiente para su uso específico. Los dormitorios son amplios, al igual que el salón-comedor, los baños y la cocina, contando ésta última con una encimera de más de 4 m lineales.
- Sin embargo, la distribución deja bastante que desear. Como se puede observar, se nos obliga a pasar por delante de los dos dormitorios antes de llegar al salón-comedor y a la cocina. Este hecho provoca una notable falta de intimidad para los ocupantes de la vivienda.
- Vivienda 2
Vivienda de 2 dormitorios y 2 baños en bloque abierto.

El plano de la vivienda 4 que aparece en la figura 19 merece interesantes comentarios:
Al igual que sucede en la vivienda 3, todas las estancias principales disponen de una superficie más que razonable, permitiendo colocar en el salón-comedor una amplia mesa, muebles auxiliares o decorativos, etc. Además, como sucede en la citada vivienda 3, el dormitorio secundario admite distintas opciones para amueblarlo en función de la edad de sus ocupantes.
De todos modos, esta vivienda 4 ofrece dos ventajas importantes respecto a la anterior:
1.- Todas las estancias principales son exteriores, mientras en el plano de la vivienda 3 se observa que los dormitorios ventilan a patio de luces.
2.- La distribución de esta vivienda es muy acertada, con las zonas de día y de noche totalmente separadas, como pone de manifiesto la trama utilizada en el plano para distinguir ambas zonas.
- Vivienda 3
Vivienda de 3 dormitorios y 2 baños en bloque abierto.

El plano representado en la figura 20 nos muestra la vivienda 5. Esta dispone de espacios correctos pero con una mala distribución de las estancias.
- En efecto, es fácil comprobar que esta vivienda ofrece unos espacios aceptables, con una terraza que permite su uso como sala de estar y comedor en los meses de buen tiempo.
- Las piezas son exteriores en su mayoría, incluso el baño de invitados.
- Lo menos correcto de esta vivienda es su distribución. Como puede verse, es preciso pasar por delante de la puerta de los tres dormitorios siempre que introducimos en casa a un visitante y lo acompañamos al salón o cuando, una vez acomodado en esta estancia, desea ir al baño o va a salir de la vivienda.
- Vivienda 4
Vivienda de 3 dormitorios, 2 baños y aseo en bloque abierto.

Como se aprecia en el plano representado en la figura 21, esta vivienda 6 ofrece amplios espacios, destacando el salón-comedor y la terraza.
- La distribución es impecable, conceptualmente hablando, ya que aparecen las dos zonas (de día y de noche) totalmente diferenciadas, con la ventaja añadida de un aseo a la entrada de la vivienda.
- Es destacable el quiebro de la pared existente entre dos de sus tres dormitorios. Este permite la colocación en ambos dormitorios de una cómoda, un escritorio o cualquier mobiliario auxiliar.
- En conclusión.
Del análisis que hemos llevado a cabo de los diversos proyectos de viviendas expuestos en este capítulo, podemos deducir abundantes consecuencias prácticas. Estas son algunas de ellas:
Cada estancia debe tener la superficie mínima razonable que permita el uso al que va a destinarse, en razón del número de personas que pueden llegar a habitar la vivienda.
La distribución interior de una vivienda influye directamente en la intimidad y comodidad diarias que podrán disfrutar las personas que la habiten.
Es importante separar de algún modo en las viviendas la llamada zona de día, constituida por el salón, el comedor y la cocina, de la zona de noche, es decir, los dormitorios.
De la superficie útil total de la vivienda depende el número máximo de estancias habitables con una adecuada distribución y unas dimensiones mínimas razonables que es posible proyectar en la misma.
Hay que tener cuidado con la representación de los muebles que aparecen en los planos comerciales facilitados en las visitas a las casetas de obra y a las agencias inmobiliarias. Conviene revisar sus medidas. En ocasiones nos encontraremos, por ejemplo, el plano comercial a una escala determinada y los muebles a una escala inferior; de este modo se da una mayor sensación de amplitud que no se corresponde con la realidad.